Categoría: Uncategorized

  • Amor Sin Máscaras

    Amor Sin Máscaras

    Texto base: Romanos 12:9 “El amor sea sin fingimiento…”

    Reflexión

    Vivimos en un mundo lleno de apariencias.

    Sonrisas que esconden resentimiento.
    Palabras amables sin sinceridad.
    Relaciones basadas en conveniencia.

    Pero Pablo dice que el amor del creyente debe ser diferente:
    “Sin fingimiento.”

    La palabra usada aquí describe a un actor usando máscara.

    Dios no quiere un amor actuado.
    Quiere un amor genuino.

    Un amor que:

    • perdona
    • sirve
    • corrige con gracia
    • permanece aun cuando no recibe nada a cambio

    Jesús nunca amó superficialmente.
    Cuando miró al joven rico, la Biblia dice:

    “Jesús, mirándole, le amó.” (Marcos 10:21)

    Y precisamente porque lo amó…
    lo confrontó.

    El amor verdadero no solo consuela.
    También guía hacia la verdad.

    Muchas veces es más fácil aparentar espiritualidad que vivirla.
    Podemos levantar manos en la iglesia y aun así hablar con dureza en casa.

    Pero Dios no solo mira nuestras acciones.
    Mira nuestro corazón.

    Aplicación

    Pregúntate hoy:

    • ¿Mi amor es genuino o conveniente?
    • ¿Trato diferente a las personas según lo que pueden ofrecerme?
    • ¿Reflejo a Cristo en privado también?

    Oración

    Señor, quita toda máscara de mi corazón.
    Enséñame a amar con sinceridad, humildad y verdad.
    Que mi vida refleje el amor de Cristo aun cuando nadie esté mirando. En el nombre de Jesús, Amén.

  • Vivir para Servir

    Vivir para Servir

    Texto base: Romanos 12:6–8

    “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada… úsese conforme a la medida de la fe.”

    La vida cristiana nunca fue diseñada para girar alrededor de nosotros mismos.
    Fuimos salvados para reflejar a Cristo. Y Cristo no vino para ser servido… sino para servir.

    Pablo enseña que cada creyente recibió dones diferentes.
    No talentos para competir.
    No habilidades para exaltarse.
    Dones para edificar, ayudar y glorificar a Dios.

    El problema es que muchas veces queremos una fe cómoda.
    Una fe que escucha, pero no actúa.
    Una fe que recibe, pero no entrega.
    Sin embargo, el evangelio siempre nos mueve hacia otros.

    Cuando entendemos cuánto hemos recibido de Dios, servir deja de sentirse pesado. Se convierte en gratitud. En privilegio. En adoración.

    Servimos porque Cristo nos sirvió primero. Y ahora nos llama a vivir igual.

    Muchos quieren los beneficios del cristianismo, pero no el sacrificio del discipulado. Pero Romanos 12 conecta ambas cosas:
    Primero misericordia.
    Luego entrega.

    No puedes vivir para tu comodidad y al mismo tiempo vivir completamente para Cristo.
    No puedes sentarte en dos sillas.

    O el “yo” está en el centro…
    O Cristo está en el centro.

    Ser “sacrificio vivo” significa que incluso lo cotidiano le pertenece a Dios:

    • Tu actitud en casa
    • Tu manera de hablar
    • Cómo tratas a los demás
    • Cómo ayudas cuando nadie te aplaude
    • Cómo sirves aun cuando nadie lo nota

    El servicio más poderoso muchas veces es el invisible.

    Dios ve la llamada que hiciste.
    La oración que elevaste.
    La ayuda que diste en silencio.
    La paciencia que mostraste cuando estabas cansado.

    Nada hecho para Él es desperdicio.

    A veces pensamos: “Cuando tenga más tiempo serviré.”
    “Cuando esté mejor espiritualmente ayudaré.”
    “Cuando otros cambien, yo cambiaré.”

    Pero el servicio comienza hoy.
    Con lo que tienes.
    Donde estás.

    Quizá servir hoy significa:

    • Escuchar a alguien con atención
    • Orar por una persona herida
    • Ayudar sin esperar reconocimiento
    • Perdonar
    • Dar generosamente
    • Animar a alguien que está débil
    • Servir en tu iglesia con humildad

    Los dones crecen cuando se usan.
    Y el corazón se parece más a Cristo cuando aprende a servir.

    Reflexiona

    • ¿Mi vida refleja servicio o comodidad?
    • ¿Estoy usando mis dones para bendecir a otros?
    • ¿Qué acción concreta puedo tomar hoy para servir a alguien?
    • ¿Sirvo para ser visto… o porque ya fui amado por Dios?

    Oración

    Señor, gracias porque Tú me serviste primero. Perdóname por las veces que he vivido solo para mí. Haz de mi vida un sacrificio vivo, agradable delante de Ti.
    Quita el orgullo, la comodidad y la indiferencia de mi corazón.
    Enséñame a servir con humildad, amor y fidelidad.
    Que mis dones glorifiquen Tu nombre y edifiquen a otros.
    Úsame donde Tú quieras, aunque nadie me vea. Que mi vida refleje el corazón de Cristo. En el nombre de Jesús, Amén.

  • Somos Un Solo Cuerpo

    Somos Un Solo Cuerpo

    Texto base: 1 Corintios 12:12
    “El cuerpo es uno, pero tiene muchos miembros.”

    La iglesia no es un edificio. No es un programa. No es un evento dominical.

    Es un organismo vivo.

    El apóstol Pablo compara la iglesia con un cuerpo humano porque es la imagen más clara de interdependencia. Un cuerpo no funciona por partes aisladas, sino por miembros conectados. Cada uno cumple una función específica, y todos son necesarios.

    Un ojo no puede decirle a la mano: “No te necesito.” La cabeza no puede ignorar los pies.

    De la misma manera, en la iglesia:

    Cada creyente tiene una función.
    Nadie es accidental.
    Nadie es irrelevante.
    Nadie está de sobra.

    Tal vez tu función no es visible.
    Tal vez no estás en la plataforma.
    Tal vez nadie aplaude tu servicio.

    Pero el cuerpo siente tu ausencia cuando no estás.

    Cuando una parte no funciona, todo el cuerpo se resiente. Si una articulación duele, todo el cuerpo ajusta su movimiento. Si un órgano falla, todo el sistema sufre.

    Así también ocurre en la iglesia.
    Tu falta de participación no solo te afecta a ti. Afecta al cuerpo completo.

    Vivimos en una cultura que promueve el individualismo:

    “¿Qué obtengo yo?”
    “¿Me gusta?”
    “¿Me sirve?”
    “¿Me alimenta?”

    Pero el evangelio cambia la pregunta:

    No es “¿Qué recibo?”
    Es “¿Cómo contribuyo?”

    No es “¿Qué me ofrecen?”
    Es “¿Dónde sirvo?”

    Dios no te salvó para aislarte.
    Te salvó para integrarte. No te redimió para que seas espectador. Te llamó para que seas parte activa.

    La madurez espiritual no se mide solo por cuánto sabes… Sino por cuánto sirves.

    Porque cuando cada miembro cumple su función, el cuerpo crece sano. Y cuando cada creyente aporta su don, la iglesia refleja mejor a Cristo.


    Reflexiona:

    • ¿Estoy funcionando activamente en el cuerpo de Cristo?
    • ¿Estoy descubriendo y usando mis dones?
    • ¿Estoy sirviendo o solo asistiendo?

    Oración

    Señor, gracias por hacerme parte de Tu cuerpo. Perdóname si he vivido como espectador. Muéstrame mi lugar. Dame un corazón dispuesto a servir, no solo a recibir.
    Que mi vida fortalezca a Tu iglesia y refleje a Cristo. En el nombre de Jesús, Amén.

  • Redimida Bajo Sus Alas

    Redimida Bajo Sus Alas


    Texto base: Rut 3–4
    Versículo clave:
    “Que el Señor te recompense por tu obra, y que tu remuneración sea completa de parte del Señor Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.” (Rut 2:12)


    Reflexión

    La historia de Rut alcanza su clímax en los capítulos 3 y 4.
    Lo que comenzó en hambre, pérdida y funerales… ahora se mueve hacia redención pública.

    Rut se presenta en la era, vulnerable pero valiente.
    Booz responde no con aprovechamiento, sino con honra.
    Y al amanecer declara algo crucial:

    “Hay un redentor más cercano que yo.”

    En el capítulo 4, Booz va a la puerta de la ciudad —el lugar legal, el lugar de juicio, el lugar de decisiones oficiales— y delante de los ancianos declara su intención de redimir.

    Booz dijo,

    “Yo redimo.”

    Y paga el precio.


    Esto apunta a algo mayor

    La historia de Rut no es solo una hermosa historia de amor.
    Es una sombra del Evangelio.

    Así como Rut era extranjera, nosotros también lo éramos.
    Así como ella no tenía herencia, nosotros tampoco.
    Así como ella dependía de un redentor, nosotros también.

    Y entonces aparece uno mayor que Booz.

    No en una puerta de ciudad…
    sino en una cruz. Jesús no dijo:
    “Es demasiado costoso.”

    Dijo:
    “Consumado es.”

    Pagó el precio públicamente. No en secreto. No a medias. No parcialmente. El precio completo.

    Booz redimió una tierra y una viuda. Jesús redimió una humanidad perdida.

    Booz la cubrió bajo su manto.
    Cristo nos cubre bajo Sus alas.

    Booz restauró su nombre.
    Cristo nos dio una nueva identidad.

    A veces creemos que el capítulo oscuro es el final.

    Pero cuando Dios está escribiendo la historia, la redención siempre tiene la última palabra.


    Aplicación

    Tal vez hoy:

    • Te sientes extranjera en una temporada que no entiendes.
    • Sientes que has perdido demasiado.
    • Piensas que el costo ha sido muy alto.
    • No ves cómo Dios puede restaurar lo que murió.

    Pero el Redentor ya pagó.

    Y cuando Él está involucrado, ninguna pérdida es final. Ninguna temporada es desperdicio. Ninguna historia termina en vacío.

    Dios no solo restaura.
    Él redime.

    Y redimir significa que toma lo que parecía roto y lo incorpora a un propósito eterno.

    Tal vez no ves el final. Pero Dios ya está en el capítulo que tú aún no has leído.


    Oración

    Dios, gracias por redimirme cuando yo no podía redimirme a mí misma. Gracias por pagar el precio completo, públicamente y por amor.
    Gracias porque mi historia no termina en dolor, sino en esperanza.
    Enséñame a confiar en Tu proceso, aun cuando no veo el resultado.
    Cúbreme bajo Tus alas y afirma mi nueva identidad en Ti. En el nombre de Jesús, amén.

  • El Arrebatamiento vs. La Segunda Venida de Cristo- Pt. 2

    El Arrebatamiento vs. La Segunda Venida de Cristo- Pt. 2

    ¿Por qué es importante observar la diferencia entre el Arrebatamiento y la Segunda Venida de Cristo? 

    (1) Si el Arrebatamiento y la Segunda Venida fueran un mismo evento, los creyentes tendrían que pasar por la Tribulación (1 Tesalonicenses 5:9; Apocalipsis 3:10). 

    (2) Si el Arrebatamiento y la Segunda Venida fueran un mismo evento, el regreso de Cristo no es inminente…. Hay muchas cosas que deben ocurrir antes que Él pueda regresar a la tierra en su segunda venida (Mateo 24:4-30). 

    (3) Al describir el período de la Tribulación, los capítulos 6-19 del Apocalipsis en ninguna parte mencionan a la iglesia. Durante la Tribulación – también llamada “el tiempo de angustia para Jacob” (Jeremías 30:7) – Dios dirigirá nuevamente Su principal atención sobre Israel (Romanos 11:17-31). 

    El Arrebatamiento y la Segunda Venida de Jesucristo son eventos similares pero separados.

    Los dos implican el regreso de Jesús. Ambos son eventos del fin de los tiempos. Sin embargo, es de crucial importancia reconocer las diferencias.

    En resumen, el Arrebatamiento es el regreso de Cristo en las nubes para trasladar a todos los creyentes de la tierra antes del tiempo de la ira de Dios.

    La Segunda Venida es el regreso de Cristo a la tierra, para poner fin a la Tribulación y para vencer al anticristo y su malvado imperio mundial. 

    Reflexión

    Solo Dios conoce los días de cada acontecimiento futuro; sin embargo, puedo asegurarle que Él conoce ambos, incluso hasta la hora y los minutos designados para cada uno. Confía en Él para traer el rapto de Su iglesia en el momento preciso. Él nos llevará de regreso consigo en el momento preciso.

    Oración

    Señor, solo Tú conoces los días que has ordenado para el Rapto, así como para la Segunda Venida. Gracias por describírnoslos tan bien ambos. Ayúdanos a confiar que tus tiempos son perfectos y que tu vienes pronto por tu iglesia. En el precioso nombre de Jesús oro. Amén.

  • ¿Cuál sería la Señal de su Venida?

    ¿Cuál sería la Señal de su Venida?

    Escritura

    Mateo 24:1-44

    VS.3 Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?

    Ayer comenzamos con el tema de la Inminencia del Señor, que su venida puede ocurrir en cualquier momento. Quiero aclarar algo, que creo ha causado un poco de confusión. Cuando me refiero a la Venida del Señor que es inminente, me refiero a el arrebatamiento de la iglesia. No a la Segunda Venida de Cristo. Esta diferencia la veremos en las siguientes dos sesiones. 

    Seguimos en Mateo 24 donde nos habla Jesus acerca de las señales del fin. Los discípulos le hicieron tres preguntas:

    1. ¿Cuándo sucederían estas cosas; es decir, cuándo sería destruido el templo?
    2. ¿Cuál sería la señal de su venida; es decir, qué acontecimiento sobrenatural precedería a su regreso a la tierra para establecer su reino?
    3. ¿Cuál sería la señal del fin del siglo; es decir, qué anunciaría el fin de la era inmediatamente anterior a su glorioso reinado? (La segunda y la tercera pregunta son, en esencia, la misma).

    Debemos recordar que el pensamiento de estos discípulos judíos giraba en torno a la gloriosa era del Mesías en la tierra. No estaban pensando en la venida de Cristo para la Iglesia; sabían poco —o nada en absoluto— acerca de esta fase de Su venida. Su expectativa era Su venida con poder y gloria para destruir a Sus enemigos y reinar sobre el mundo. Asimismo, debemos tener claro que no se referían al fin del mundo, sino al fin del siglo (gr. *aiōn*).

    Su primera pregunta no recibe una respuesta directa. Más bien, el Salvador parece juntar la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C. (véase Lucas 21:20–24) con un asedio similar que tendrá lugar en los últimos días. En el estudio de la profecía, a menudo observamos que el Señor transita desde un cumplimiento temprano y parcial hacia un cumplimiento posterior y definitivo.

    La segunda y la tercera preguntas reciben respuesta en los versículos 4 al 44 del capítulo 24. Estos versículos describen el Período de la Tribulación, de siete años de duración, que precederá al glorioso Advenimiento de Cristo. Los primeros tres años y medio se describen en los versículos 4 al 14. Los últimos tres años y medio —conocidos como la Gran Tribulación serán un tiempo de sufrimiento sin precedentes para quienes habiten la tierra. 

    Muchas de las condiciones que caracterizan la primera mitad de la Tribulación han existido, en cierta medida, a lo largo de la historia humana; sin embargo, se manifestarán de forma sumamente intensificada durante el período del que hablamos. A los miembros de la iglesia se les ha prometido tribulación (Jn. 16:33), pero esta difiere enormemente de la Tribulación que se derramará sobre un mundo que ha rechazado al Hijo de Dios.

    Creemos que la iglesia será sacada del mundo (1 Tes. 4:13–18) antes de que dé comienzo el día de la ira de Dios (1 Tes. 1:10; 5:9; 2 Tes. 2:1–12; Ap. 3:10).

    Durante este período de los 7 años de Tribulacion, el evangelio del reino será proclamado en todo el mundo, como testimonio a todas las naciones. El evangelio del reino es la buena nueva de que Cristo viene para establecer Su reino en la tierra, y de que aquellos que lo reciban por fe durante la Tribulación disfrutarán de las bendiciones de Su Reinado Milenial.

    A menudo se hace un uso indebido del versículo 14 para argumentar que Cristo no podría regresar por Su iglesia en cualquier momento, debido a que muchas tribus aún no han escuchado el evangelio. Esta dificultad se disipa cuando comprendemos que el pasaje se refiere a Su venida *con* Sus santos, en lugar de *por* Sus santos. 

    Existe un paralelismo asombroso entre los acontecimientos enumerados en los versículos 3 al 14 y los descritos en Apocalipsis 6:1-11: el jinete del caballo blanco representa al falso mesías; el jinete del caballo rojo, la guerra; el jinete del caballo negro, el hambre; y el jinete del caballo pálido, la pestilencia o la muerte. Las almas que se encuentran bajo el altar son los mártires. Los acontecimientos descritos en Apocalipsis 6:12-17 guardan relación con los de Mateo 24:19-31.

    Pero cual es la diferencia entre el arrebatamiento y la Segunda Venida de Cristo? Acompáñame para la proxima sesión. 

  • Injertados en la promesa: la Nueva Familia de la Fe

    Injertados en la promesa: la Nueva Familia de la Fe

    En eso llegaron la madre y los hermanos de Jesús. Se quedaron afuera y enviaron a alguien a llamarlo,  pues había mucha gente sentada alrededor de él.—Mira, tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan —dijeron. —¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? —respondió Jesús. Luego echó una mirada a los que estaban sentados alrededor de él y añadió:—Aquí tienen a mi madre y a mis hermanos.  Cualquiera que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre”.— Marcos 3:31-35

    Cuando Jesús pronuncia estas palabras, no está rechazando a su familia terrenal, sino expandiendo la gran familia de Dios. Una familia definida no por linajes, sino por la fidelidad a la voluntad de Dios. Este momento no se trata de exclusión, sino de expansión. Así como el ministerio de Jesús es una extensión de la obra de su Padre, su redefinición de la familia cumple la promesa original de Dios a Abram en Génesis 12:3: “En ti serán benditas todas las familias de la tierra”.

    Isaías 11 habla de un retoño que sale del tronco de Jesé, una visión de restauración que incluye a personas de todas las naciones.

    Pablo hace eco de esto en Romanos 11, donde describe cómo los gentiles son injertados en el árbol genealógico de Dios, manifestando el plan divino de salvación a través de Israel. Jesús no está derribando la obra de Su Padre, sino llevándola a su plenitud prevista.

    1. Jesús expande, no reemplaza 

    Su relación con sus seguidores es preciosa para Él. Son su familia. Jesús no rechaza a su familia terrenal ni reemplaza lo que su Padre ha hecho; en cambio, está expandiendo la obra de Dios para cumplir sus promesas. Su ministerio se basa en el pacto de Dios con Abram, manifestando la intención de que todas las naciones sean bendecidas a través de la familia de la fe.

    2- La Familia de Dios 

    Sus seguidores disfrutan de una intimidad con Él que trasciende la cercanía que tienen con sus propios familiares. Jesús redefine la familia como aquellos que hacen la voluntad de Dios, abriendo la puerta para que cualquier persona, independientemente de su origen, pueda pertenecer y convertirse en parte de la herencia.

    3 . La obra de restauración de Dios

    Desde la visión de un mundo restaurado de Isaías 11 hasta las imágenes de las ramas injertadas en Romanos 11, el plan de Dios siempre ha sido expandir su familia. El ministerio de Jesús es la culminación de esta restauración, invitando a todos los que lo siguen a convertirse en parte de la familia de Dios.

    Reflexión

    ¿A quién en tu comunidad podría Dios estar atrayendo a su círculo de gracia a través de tu trabajo, tus palabras y tu presencia? Las palabras de Jesús nos recuerdan que hacer la voluntad de Dios nos conecta con una familia mucho más grande que nosotros mismos. Ya sea en nuestros hogares, talleres o lugares de culto, estamos llamados a vivir de una manera que invite a otros a unirse a la familia de Dios.

    Oración

    Padre Celestial, gracias por darme la bienvenida a Tu familia a través de Jesús. Ayúdame a ver a los demás como Tú los ves, no como extraños sino como potenciales hermanos y hermanas en la fe. Enséñame a vivir de una manera que refleje Tu deseo de inclusión y expansión. Que mi vida sea un lugar donde otros encuentren Tu amor y encuentren su lugar en Tu familia. En el nombre de Jesús, Amén.

  • Llamados en el Monte

    Llamados en el Monte

    En la Biblia, las montañas fueron lugares desde donde Dios llamó a su pueblo a acercarse, escuchar y recibir su dirección. Desde Moisés recibiendo los Diez Mandamientos en el monte Sinaí, hasta Elías encontrándose con Dios con una voz suave y apacible en el monte Horeb. Las montañas han servido como espacios sagrados para la revelación y el llamado.

    En Marcos 3, 13 al 19, Jesús llama a sus doce apóstoles para que le siguieran. Jesús los llama por nombre  para compartir su misión. Tendrían que predicar la buena nueva y expulsar a los demonios. Allí en el monte fueron llamados y escogidos. A ser discípulos. Un discípulo era y es una persona que mira a su maestro. Observaron cómo Jesús enfrentó la oposición y como priorizó tiempo con su Padre. Su meta era llegar a ser como su maestro. 

    Así como Jesús llamó a sus discípulos a aprender de él, también nosotros estamos invitados a seguir al maestro y a dejarnos moldear. El aprendizaje requiere humildad, paciencia y disposición a que nos enseñen. También requiere un compromiso con la misión, tomar lo que hemos aprendido y usarlo para el reino de Dios.

    Tres lecciones clave

    1. Dios nos llama por nuestro nombre

    Dios nos llama a nosotros por nuestro nombre. Lo que es nos ha dado- dones, experiencias y hasta nuestros defectos forman parte de cómo él planea usarnos.

    2. Las montañas son lugares de transformación 

    En las Escrituras, las montañas son lugares donde las personas se encuentran con Dios y cambian. Puede ser un momento tranquilo de oración, un tiempo de reflexión o una temporada de aprendizaje y crecimiento. Dios nos llama a subir a la montaña de vez en cuando porque quiere mostrarnos algo para transformar nuestro pensamiento, carácter, y visión. 

    3. Aprendizaje para convertirse en practicantes 

    Como sus discípulos, estamos llamados a seguirlo y a ser como él para poder enseñar a otros. Que lo hagamos con esa actitud de siervo en humildad. 

    Reflexión

    Mientras reflexionamos sobre este pasaje, recuerdas cuando Dios te llamó por primera vez? Hoy el Señor quiere que vuelvas a subir para tener esas experiencias de transformación e intimidad. Para prepararte para lo por venir. Porque después del monte siempre tenemos que descender a la realidad – las pruebas, luchas, al valle, al desierto. 

    Oración

    Señor, gracias por llamarnos tus discípulos. Hay momentos cuando nos sentimos incapaces de hacer la misión a la cual nos ha llamado. Pero nos has dejado a tu Santo Espíritu para que nos enseñe y guíe. Ayúdanos a humillarnos cada día para hacer tu voluntad y tu misión. Nos has llamado por nombre y nos has dado habilidades, dones, y experiencias que tú usarás para glorificar tu nombre. Sigue hablando a nuestras vidas. En el nombre de Jesús. Amén. 

  • ¿Cómo ser bautizado EN el Espíritu Santo?

    ¿Cómo ser bautizado EN el Espíritu Santo?

    Ser bautizado en el Espíritu no es algo para lo que tienes que calificar. Todo creyente genuino puede pedir, y Jesús está listo para hacerlo. Aquí hay algunas maneras sencillas de ser lleno del Espíritu Santo.

    1. Prepara tu corazón

    • El Espíritu Santo es santo, (Mat. 3:11) confiesa todo pecado conocido y prepara tu corazón para Su llenura.

    2. Pídele a Jesús que te bautice en el Espíritu

    • Jesús es quien nos bautiza en el Espíritu, así que pídele a Él y espere que Él responda.

    3. Recibe la Llenura

    • Comience a agradecerle por este milagro. Si sientes dudas, miedo, simplemente alábalo. Enfoca tu atención en Él y no te preocupes tanto por ser lleno. Solo disfrútalo.

    4. Libera tu lenguaje de oración

    • Cuando te encuentres con esta experiencia, recibirás un regalo celestial. Abre tu boca y comienza a hablar, confiando en que el Señor te dará este lenguaje sobrenatural. No tienes que hablar en lenguas, pero cualquier creyente puede pedirlo, si es el don que el Espíritu te quiere dar. Sirve como puerta de entrada al reino sobrenatural y te ayuda a entrar en las cosas más profundas de Dios.

    5. Da un paso adelante con audacia

    • Después, notará un nuevo atrevimiento.
  • Tropical paradise

    I too sat down, laying the spear between us, and tried to explain how I came to Pellucidar, and wherefrom, but it was as impossible for him to grasp or believe the strange tale I told him as I fear it is for you upon the outer crust to believe in the existence of the inner world. To him it seemed quite ridiculous to imagine that there was another world far beneath his feet peopled by beings similar to himself, and he laughed uproariously the more he thought upon it. But it was ever thus. That which has never come within the scope of our really pitifully meager world-experience cannot be—our finite minds cannot grasp that which may not exist in accordance with the conditions which obtain about us upon the outside of the insignificant grain of dust which wends its tiny way among the bowlders of the universe—the speck of moist dirt we so proudly call the World.