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    Vístete de Cristo

    Texto: Romanos 13:14

    «Sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.»

    Reflexión

    La vida cristiana no consiste solamente en dejar de hacer cosas malas. También consiste en llenarnos de Cristo.

    Muchos creyentes pasan gran parte de su vida concentrados únicamente en luchar contra el pecado. Se esfuerzan por dejar malos hábitos, controlar su carácter o evitar ciertas tentaciones. Aunque eso es necesario, Pablo nos muestra que la vida cristiana va mucho más allá de simplemente decir «no» al pecado.

    No basta con quitar la ropa vieja; hay que ponerse la nueva.

    Si una persona limpia una casa pero la deja vacía, pronto volverá a llenarse de desorden. De la misma manera, cuando intentamos abandonar el pecado sin llenar nuestro corazón con Cristo, ese vacío rápidamente vuelve a ser ocupado por la carne. El corazón nunca permanece vacío por mucho tiempo.

    Por eso Pablo no solo dice: «Desechen.» También dice: «Vístanse.»

    Vestirse de Cristo significa permitir que Su carácter sea visible en nuestra manera de pensar, hablar, reaccionar y amar. Significa que, poco a poco, nuestras respuestas se parezcan más a las de Jesús que a las nuestras.

    Cada mañana tenemos una decisión.

    Podemos vestirnos:

    • con el orgullo o con la humildad.
    • Con la ira o con la paciencia.
    • Con la crítica o con la gracia.
    • Con el egoísmo o con el amor.
    • Con la ansiedad o con la confianza en Dios.

    La buena noticia es que Dios no nos pide fabricar ese carácter por nuestras propias fuerzas. Él mismo lo produce en nosotros por medio del Espíritu Santo. Mientras más contemplamos a Jesús en Su Palabra, mientras más tiempo pasamos en oración y mientras más obedecemos Su voluntad, más comenzamos a parecernos a Él.

    Pablo añade una advertencia importante: «No proveáis para los deseos de la carne.» Es decir, no alimentemos aquello que fortalece nuestra vieja naturaleza. Nuestro crecimiento espiritual depende en gran medida de aquello con lo que alimentamos nuestra mente y nuestro corazón. Si llenamos nuestros pensamientos con las cosas del mundo, la carne se fortalecerá. Pero si alimentamos nuestro hombre interior con la Palabra de Dios, la oración y la comunión con Cristo, el Espíritu producirá en nosotros una vida cada vez más semejante a la de Jesús.

    Aplicación

    Antes de salir de casa hoy, haz una oración sencilla:

    «Señor Jesús, quiero vestirme de Ti. Que quienes me vean hoy puedan ver tu carácter reflejado en mi vida.»

    Luego pregúntate durante el día:

    • ¿Mis palabras reflejan a Cristo?
    • ¿Mi actitud refleja a Cristo?
    • ¿Mis decisiones honran a Cristo?
    • ¿Lo que estoy alimentando fortalece mi comunión con Él o fortalece mi carne?

    Recuerda que las personas quizá nunca lean una Biblia, pero leerán tu vida. Que al verte puedan reconocer el carácter de Cristo en ti.

    Oración

    Jesús, quiero parecerme más a Ti. Gracias porque no solo me perdonaste, sino que también me llamaste a vivir una vida nueva. Vísteme cada día con tu amor, tu humildad, tu paciencia, tu pureza y tu santidad. Ayúdame a alimentar mi vida espiritual por medio de tu Palabra y a rechazar todo aquello que fortalece la carne. Que mi manera de hablar, pensar y actuar refleje que te pertenezco. Que dondequiera que vaya, otros puedan ver en mí el carácter de Cristo. En tu nombre, Amén.