Texto: Romanos 14:5–6
«Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.»
Reflexión
Pablo reconoce que creyentes sinceros pueden llegar a conclusiones diferentes en asuntos donde la Biblia no da un mandato específico. En la iglesia de Roma, algunos observaban ciertos días y otros no. Algunos comían de todo, mientras que otros preferían abstenerse de ciertos alimentos.
Lo sorprendente es que Pablo no condena a ninguno de los dos grupos. Ambos actuaban con el deseo de honrar al Señor. Uno comía para el Señor y le daba gracias; el otro se abstenía para el Señor y también le daba gracias. Aunque sus prácticas eran distintas, su propósito era el mismo: glorificar a Dios.
La diferencia no estaba en su Salvador, sino en sus convicciones. Ambos habían sido recibidos por Cristo y formaban parte de la misma familia de Dios. Esto nos recuerda que la unidad cristiana no requiere uniformidad en todos los asuntos secundarios. Nuestra comunión descansa en la obra de Cristo, no en que todos tengamos las mismas preferencias.
Cuando mantenemos a Cristo en el centro, las diferencias dejan de convertirse en motivos de división. Podemos caminar juntos con humildad y amor porque compartimos algo mucho más grande que nuestras opiniones: compartimos al mismo Salvador.
Aplicación
Piensa en un creyente que tenga convicciones diferentes a las tuyas en un asunto no esencial. Ora por él, agradécele a Dios por su vida y recuerda que ambos pertenecen al mismo Señor.
Oración
Señor, gracias porque nos has unido por medio de Tu gracia. Ayúdanos a mantenerte siempre en el centro de nuestra comunión y a recibirnos unos a otros con el mismo amor con que Tú nos has recibido. En el nombre de Jesús, Amén.
