Texto bíblico: Romanos 15:15–18
“…por la gracia que de Dios me es dada…”
— Romanos 15:15
Reflexión
Muchas veces pensamos que la gracia de Dios solamente tiene que ver con nuestra salvación. Pero Pablo entendía que la misma gracia que lo había salvado también lo había llamado a servir.
Pablo nunca olvidó quién había sido. Antes de predicar a Cristo, había perseguido a quienes seguían a Cristo. Por eso, cuando hablaba de su ministerio, no decía: “Miren todo lo que he logrado.”
Decía:
“Por la gracia de Dios soy lo que soy.”
Servir a Dios no es un derecho que hemos ganado. Es un privilegio que hemos recibido.
Tal vez no tengas un título, una posición o un púlpito. Pero tienes una vida que Dios puede usar.
Tienes manos que pueden servir.
Una boca que puede animar y compartir el Evangelio.
Recursos que puedes compartir.
Rodillas que pueden doblarse para orar.
Por eso, la pregunta no es:
“¿Tengo un ministerio?”
La verdadera pregunta es:
“¿Está mi vida disponible para que Dios la use?”
La gracia que te salvó no te dejó sentado.
También te llamó a servir.
Oración:
Señor, gracias por tu gracia. Gracias porque no solamente me salvaste, sino que también quieres usar mi vida. Aquí estoy. Ayúdame a servirte con humildad y gratitud. Amén.
Para recordar:
“No servimos para recibir gracia. Servimos porque hemos recibido gracia.”
