Texto bíblico: Romanos 16:3–4
“Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí…”
Reflexión
Cuando pensamos en el ministerio del apóstol Pablo, normalmente recordamos sus predicaciones, sus viajes misioneros y las cartas que escribió. Pero Romanos 16 nos permite mirar detrás de todo eso.
Allí encontramos nombres.
Febe. Priscila. Aquila. María. Andrónico. Junias. Timoteo. Gayo.
¿Por qué el Espíritu Santo quiso preservar todos esos nombres?
Porque Pablo no hizo el ministerio solo.
Detrás de un hombre visible había muchos creyentes fieles sirviendo, sacrificándose, abriendo sus hogares, trabajando y sufriendo por la causa de Cristo.
Nosotros recordamos a Pablo, pero Dios también recuerda los nombres de quienes ayudaron a Pablo.
Lo mismo sucede hoy. En la obra de Dios hay personas que predican y otras que preparan. Unos enseñan y otros sirven. Algunos están al frente y otros trabajan donde casi nadie los ve.
Pero todos son necesarios.
La iglesia nunca fue diseñada para funcionar con unos pocos haciendo todo mientras los demás solamente observan.
Dios nos hizo un cuerpo.
Cada miembro tiene una función.
Cada creyente tiene algo que aportar.
Quizás tu servicio nunca sea visto por muchas personas, pero eso no significa que sea pequeño delante de Dios.
Nadie cumple solo el propósito de Dios.
Aplicación
Pregúntate hoy: ¿Estoy solamente recibiendo de la iglesia o también estoy contribuyendo a la misión que Dios nos ha dado? Identifica una manera concreta en la que puedes colaborar esta semana.
Oración:
Señor, gracias porque me has hecho parte de tu obra. Muéstrame dónde puedo servir y ayúdame a dejar de ser solamente un espectador. Quiero usar lo que me has dado para bendecir a otros y contribuir al avance de tu Reino. En el nombre de Jesús, Amén.
Versículo para memorizar:
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros.” — 1 Pedro 4:10
