Escritura
Génesis 3:1-7
Esta semana estaremos mirando más profundo en lo que son las heridas causadas por la iglesia.
Pocas heridas duelen tanto como las heridas causadas por la iglesia. Las personas se unen a las iglesias esperando encontrar un lugar de amor, gracia y seguridad; un lugar que se vea y se sienta como el corazón de Jesús. Lamentablemente, la realidad del pecado a menudo estropea esto, y la gente termina herida.
La serpiente infligió un trauma a la pareja en el capítulo 3 del Génesis, y esa ha sido su estrategia desde entonces. La intención del diablo es utilizar el trauma en todas sus formas, en todos los niveles y en todos los lugares, incluida la iglesia. Su propósito del diablo es pervertir lo bello y herir a los hijos de Dios.
A lo largo de las Escrituras encontramos a hombres y mujeres que reconocieron con franqueza que una vida dedicada a amar a Dios, amar al prójimo e ir a hacer discípulos no es para los débiles de corazón. Amar y servir al pueblo de Dios es un trabajo arriesgado. Podemos ser profundamente heridos por aquellos a quienes amamos.
El dolor causado por la iglesia puede manifestarse de diversas formas, abarcando desde el abuso emocional, físico y espiritual. Puede derivar de conflictos con el liderazgo eclesiástico, desacuerdos doctrinales, maltrato por parte de otros creyentes.
El impacto de este dolor puede ser devastador, sacudiendo la fe hasta sus cimientos y dejando heridas emocionales perdurables.
Jesús, nuestra esperanza viva, desea que todos sus hijos se reconcilien con Él y entre sí.
¿Cómo sanamos después de haber sido traicionados por aquellos en quienes confiábamos?
Acompáñenme los siguientes días para mirar lo que la escritura nos dice acerca de este tema.
Reflexion
¿Te ha hecho daño alguna iglesia? Si es así, no estás solo. Pero no debes ni cargar ese dolor ni darte por vencido. El amor te llama a tomar un paso más.
Oración
Dios, quiero seguir adelante. Ayúdame a comenzar a sanar, enfocándome en la verdad acerca de quién soy en el amor de Cristo, y en mi gran valor ante tus ojos y en la Iglesia de Cristo. Ayúdanos a perdonar y a soportarnos unos a otros. En el nombre de Jesús, amén.
