Texto: Romanos 14:4
«¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno?»
Reflexión
Pablo hace una pregunta que confronta nuestro corazón: «¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno?» Con estas palabras nos recuerda que cada creyente pertenece a Cristo, no a nosotros. Él lo compró con Su sangre, lo recibió por gracia y continúa obrando en su vida cada día.
Con frecuencia olvidamos esta verdad. Nos convertimos en jueces de las decisiones, convicciones y preferencias de otros creyentes, especialmente en asuntos donde la Biblia no da un mandato específico. Evaluamos su espiritualidad según nuestros propios criterios y, sin darnos cuenta, ocupamos un lugar que solo le corresponde al Señor.
Pablo nos recuerda que todos somos siervos. Ninguno es el dueño de la conciencia de otro creyente. Todos rendiremos cuentas al mismo Maestro, y será Él quien juzgue con perfecta sabiduría y justicia.
La seguridad del creyente no descansa en la perfección de su conocimiento ni en la fortaleza de sus convicciones, sino en el poder de Cristo para sostener a los que le pertenecen. El mismo Señor que ha sido paciente contigo también está formando y sosteniendo a tus hermanos.
Cuando recordamos esta verdad, dejamos de mirar a otros con espíritu crítico y comenzamos a tratarlos con la misma paciencia y misericordia que Dios tiene con nosotros.
Aplicación
La próxima vez que te sientas tentado a juzgar a otro creyente por una diferencia en un asunto no esencial, recuerda que ese hermano tiene el mismo Señor que tú.
Oración
Padre, perdóname por las veces que he juzgado a mis hermanos con un corazón orgulloso. Ayúdame a confiar en Tu obra en sus vidas y a recordar que Tú eres el único Juez perfecto. En el nombre de Jesús, Amén.
