Texto Base: Marcos 13:37
«Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.»
Reflexión
Una de las verdades más repetidas en el Nuevo Testamento es la promesa del regreso de Jesucristo. Desde los Evangelios hasta Apocalipsis, Dios recuerda constantemente a Su pueblo que Cristo volverá. Esta esperanza llenaba el corazón de la iglesia primitiva y moldeaba su manera de vivir.
Los primeros creyentes no consideraban el regreso de Cristo como una doctrina secundaria. Era una realidad que influía en cada decisión. Vivían con santidad porque esperaban ver a su Señor. Servían con fidelidad porque sabían que un día darían cuentas. Compartían el evangelio con urgencia porque comprendían que el tiempo era limitado.
Sin embargo, con el paso del tiempo, muchos creyentes han dejado de vivir con esa expectativa. Creemos en el regreso de Cristo, pero pocas veces pensamos en él. Nos enfocamos tanto en las responsabilidades, preocupaciones y planes de esta vida que olvidamos que somos peregrinos en este mundo. Invertimos enormes cantidades de tiempo en lo temporal mientras descuidamos aquello que tendrá valor eterno.
Jesús advirtió repetidamente a Sus discípulos que velaran. No porque pudiéramos conocer la fecha de Su regreso, sino porque debíamos estar preparados en todo momento. La vigilancia espiritual implica vivir cada día en comunión con Dios, caminando en obediencia y manteniendo nuestro corazón sensible a Su voluntad.
Pablo nos recuerda en Romanos 13:11 que «ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos». Cada amanecer nos acerca un día más al cumplimiento de la promesa de Cristo. Cada día que pasa nos acerca más al momento en que veremos al Señor cara a cara.
No sabemos cuándo regresará Cristo. Puede ser hoy, mañana o dentro de muchos años. Pero sí sabemos con absoluta certeza que regresará. Su promesa es segura porque Dios siempre cumple Su palabra.
La pregunta no es si Cristo volverá. La pregunta es si Su regreso nos encontrará despiertos o dormidos espiritualmente. ¿Nos encontrará sirviendo o distraídos? ¿Nos encontrará buscando Su reino o consumidos por las cosas de este mundo? ¿Nos encontrará viviendo para Su gloria o para nuestra comodidad?
La esperanza del regreso de Cristo no debe producir temor en el creyente fiel, sino motivación. Nos impulsa a vivir con pureza, a perseverar en medio de las dificultades y a invertir nuestra vida en aquello que realmente importa. Quien espera al Señor vive de manera diferente porque sabe que esta vida no es el destino final.
Aplicación
Pregúntate:
- ¿Estoy viviendo de una manera que honre al Señor si regresara hoy?
- ¿Estoy invirtiendo más tiempo en lo temporal que en lo eterno?
- ¿Estoy aprovechando las oportunidades que Dios me da para servirle fielmente?
Oración
Señor, gracias por la promesa de tu regreso. Perdóname por las veces que me distraigo con las cosas temporales y pierdo de vista las realidades eternas. Ayúdame a vivir vigilante, fiel y preparado. Que cada decisión, cada palabra y cada acción reflejen mi esperanza en Ti. Mantén mi corazón despierto y expectante hasta el día en que te vea cara a cara. En el nombre de Jesús, amén.

