Lectura bíblica: Romanos 14:7
«Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.»
Vivimos en una cultura que constantemente nos anima a seguir nuestro corazón, buscar nuestra felicidad y obtener la aprobación de los demás. Sin embargo, Pablo presenta una realidad completamente diferente: el creyente ya no vive para sí mismo.
La pregunta no es si estamos agradando a alguien. La verdadera pregunta es: ¿a quién estamos tratando de agradar?
Muchos creyentes toman decisiones basadas en la opinión de amigos, familiares o incluso de las redes sociales. Otros viven buscando reconocimiento o aceptación. Pero el discípulo de Cristo aprende que solo hay una aprobación que realmente importa: la del Señor.
Pablo mismo experimentó este cambio. Antes buscaba el prestigio religioso; después de conocer a Cristo pudo decir: «Si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo» (Gálatas 1:10).
Cada decisión revela quién ocupa el primer lugar en nuestro corazón. Cuando Cristo es nuestro Señor, dejamos de preguntar: «¿Qué pensarán los demás?» y comenzamos a preguntar: «¿Qué agrada al Señor?»
La madurez espiritual se refleja precisamente en ese cambio de enfoque.
Preguntas de reflexión:
- ¿Qué personas influyen demasiado en mis decisiones?
- ¿Hay áreas donde temo más la opinión de la gente que la de Dios?
- ¿Qué decisión puedo tomar hoy buscando únicamente agradar al Señor?
Oración:
Padre, líbrame del deseo de vivir para la aprobación de las personas. Enséñame a buscar solamente Tu favor. Que cada decisión, palabra y acción refleje mi deseo de agradarte a Ti por encima de cualquier otra cosa. En el nombre de Jesús, Amén.

