Lectura bíblica: Romanos 14:9
«Porque Cristo para esto murió y resucitó y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.»
Muchas personas entienden que Jesús murió para perdonar sus pecados, pero pocas meditan en que también murió para ser el Señor de sus vidas. El evangelio no termina con el perdón; comienza una nueva relación donde Cristo gobierna cada área de nuestro corazón.
Pablo nos recuerda que Jesús no solo nos rescató del infierno, sino que nos reclamó como su pueblo. Ya no nos pertenecemos. Hemos sido comprados por precio (1 Corintios 6:19-20). Esto cambia por completo nuestra manera de vivir.
Cuando reconocemos el señorío de Cristo dejamos de preguntarnos: «¿Qué quiero hacer?» y comenzamos a preguntar: «¿Qué quiere mi Señor?» Nuestra agenda, nuestros recursos, nuestras relaciones y nuestros sueños ahora están bajo Su autoridad.
Es fácil querer un Salvador que nos libre de los problemas. Es mucho más difícil rendirse diariamente a un Señor que tiene derecho sobre toda nuestra vida. Sin embargo, solo cuando Cristo ocupa el trono de nuestro corazón encontramos verdadera libertad.
Cada día tenemos una decisión: gobernarnos nosotros mismos o someternos al Rey que nos compró con Su sangre.
Preguntas de reflexión:
- ¿Hay alguna área de mi vida que todavía no he rendido al señorío de Cristo?
- ¿Veo a Jesús solamente como mi Salvador o también como mi Señor?
- ¿Qué decisión necesito someter hoy a Su voluntad?
Oración:
Señor Jesús, gracias por salvarme y comprarme con Tu sangre. Perdóname cuando he querido dirigir mi vida sin consultarte. Hoy reconozco que ya no me pertenezco; soy Tuyo. Reina sobre mis pensamientos, mis decisiones y mis deseos. En el nombre de Jesús, Amén.

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