1 Tesalonicenses 2:8: “Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos”.
Pablo compartió el evangelio y su propia vida porque amaba a las personas. Ese amor se expresa cuando prestamos atención a su historia, sus preguntas y sus dificultades.
A veces preguntamos “¿Cómo estás?”, pero seguimos adelante sin escuchar. Una relación se profundiza cuando nos detenemos, escuchamos con paciencia y recordamos lo que alguien nos comparte. Así crece la confianza para abrir la Biblia y ayudarnos a seguir a Jesús.
Para reflexionar: ¿Estoy escuchando con atención a las personas que Dios ha puesto cerca?
Hoy: Pregunta a alguien cómo está realmente. Escúchalo y ora con él.
Oración: Señor, dame amor para escuchar y sabiduría para acompañar a otros con tu Palabra. Amén.

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