Texto: Efesios 2:8–9
«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe… no por obras, para que nadie se gloríe.»
La salvación es el regalo más grande que un ser humano puede recibir. No la obtenemos por nuestro esfuerzo, nuestras buenas acciones ni nuestra religiosidad. Dios nos salva únicamente por su gracia, mediante la fe en Jesucristo.
Sin embargo, muchos creyentes consideran su conversión como la meta final de la vida cristiana. Piensan: "Ya soy salvo; ahora solo debo esperar el cielo." Pero Pablo enseña algo muy diferente. La salvación no es la línea de llegada; es el punto de partida.
Cuando Dios nos salva, comienza una obra profunda dentro de nosotros. Nos da un nuevo corazón, una nueva naturaleza y nuevos deseos. El mismo Dios que nos justificó también empieza a transformarnos día tras día para parecernos más a Cristo.
Por eso la pregunta no es solamente: "¿Fui salvo?" La pregunta también es: "¿Está Dios obrando en mí?" El crecimiento espiritual no ocurre de la noche a la mañana, pero una vida alcanzada por la gracia nunca permanece igual
Dios no solo nos rescata del castigo del pecado; también nos rescata del dominio del pecado. Él continúa moldeando nuestro carácter, renovando nuestra mente y enseñándonos a vivir para su gloria.
La conversión es el comienzo de una vida completamente nueva.
Aplicación
Hoy agradece a Dios por su gracia inmerecida. Luego pregúntate: ¿Estoy permitiendo que Dios continúe transformando mi corazón, o me conformé con haber comenzado la vida cristiana?
Oración
Padre celestial, gracias porque me salvaste únicamente por tu gracia y no por mis méritos. Gracias porque, en Cristo, me has dado una nueva vida. Perdóname cuando he pensado que mi conversión era el final de mi caminar contigo. Ayúdame a recordar que todavía estás obrando en mi corazón para hacerme más semejante a Jesús. En el nombre de Jesús. Amén.

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