Texto bíblico: Gálatas 1:6–7
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.”
Existe una manera muy sutil de cambiar el evangelio sin dejar de hablar de Dios.
Podemos seguir hablando de Jesús, de fe, de bendición y hasta citar la Biblia, pero poco a poco comenzar a colocar al hombre en el centro.
Entonces nuestra relación con Dios comienza a girar alrededor de preguntas como: ¿Qué puede hacer Dios por mí? ¿Cómo puede mejorar mi vida? ¿Cómo puede ayudarme a alcanzar lo que quiero?
Pero el evangelio no comienza con nosotros.
Comienza con Dios.
Pablo estaba alarmado porque los gálatas estaban permitiendo que otros alteraran el evangelio. No habían abandonado completamente el lenguaje cristiano; el problema era que estaban modificando lo que Dios había hecho en Cristo.
Ese peligro todavía existe.
Dios sí se preocupa por nuestras necesidades. Dios provee, sana y bendice. El problema comienza cuando las bendiciones de Dios ocupan el lugar que solamente Dios merece.
El evangelio no anuncia que Dios existe para construir la vida que nosotros queremos.
El evangelio anuncia que Jesucristo murió y resucitó para salvarnos, reconciliarnos con Dios y darnos una nueva vida en la que Él sea el centro.
Aplicación
Examina hoy tus oraciones. ¿La mayoría se concentran solamente en lo que quieres que Dios haga por ti, o también expresan el deseo de conocerlo, obedecerlo y glorificarlo?
Oración
Señor, examina mi corazón. Perdóname cuando he convertido tus bendiciones en el centro de mi fe. Ayúdame a recordar que Tú eres el tesoro y que mi vida existe para Tu gloria. Que Cristo vuelva a ocupar el centro de mis deseos, decisiones y prioridades. En el nombre de Jesús, Amén.

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