Texto bíblico: Romanos 16:25, 27
“Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo… al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.”
Reflexión
Romanos 16 está lleno de nombres.
Algunos sirvieron.
Otros trabajaron mucho.
Algunos arriesgaron sus vidas.
Otros fueron encarcelados.
Algunos abrieron sus hogares.
Otros fueron discipulados y después se convirtieron en colaboradores.
Diferentes personas.
Diferentes dones.
Diferentes funciones.
Pero Pablo termina el capítulo hablando de una sola gloria.
La gloria de Dios.
Ese es el equilibrio que siempre debemos conservar en el ministerio.
Dios usa personas, pero la gloria no pertenece a las personas.
Pablo plantó.
Otros regaron.
Pero Dios dio el crecimiento.
Esto también debe gobernar nuestro corazón cuando servimos.
No servimos para que reconozcan nuestro nombre.
No trabajamos para recibir aplausos.
No buscamos posiciones para sentirnos importantes.
Servimos porque Cristo es digno.
Cuando la iglesia se reúne, muchas personas participan para que la obra pueda avanzar. Algunas serán visibles y muchas nunca serán reconocidas públicamente.
Pero Dios ve cada acto de fidelidad.
Al prepararnos para adorar juntos, recordemos:
No venimos a mostrar lo que nosotros podemos hacer.
Venimos a celebrar lo que Dios ha hecho y a ofrecerle nuevamente nuestras vidas.
Diferentes nombres.
Diferentes dones.
Diferentes funciones.
Una misma misión.
Y una sola gloria.
Aplicación
Antes de congregarte, pídele al Señor que examine tus motivaciones. Decide servir esta semana sin buscar reconocimiento y agradece también a alguna persona cuyo servicio normalmente pasa desapercibido.
Oración:
Señor, gracias por permitirme participar en tu obra. Guarda mi corazón del orgullo y del deseo de reconocimiento. Que todo lo que haga apunte a Cristo y que, al final, solamente tú recibas la gloria. Amén.

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