Texto bíblico: Gálatas 1:11–12
“El evangelio anunciado por mí, no es según hombre…”
Antes de llegar a la iglesia para adorar, necesitamos recordar por qué tenemos motivos para adorar.
No adoramos principalmente porque tuvimos una buena semana.
No adoramos porque todos nuestros problemas fueron resueltos.
Adoramos porque Dios hizo por nosotros lo que jamás podríamos hacer por nosotros mismos.
Éramos pecadores incapaces de salvarnos. Nuestras buenas obras no podían borrar nuestro pecado. Nuestro esfuerzo no podía reconciliarnos con un Dios santo.
Pero Dios envió a Su Hijo.
Cristo vivió en perfecta obediencia, murió en nuestro lugar y resucitó victorioso. Ese es el centro del evangelio.
Por eso la cruz cambia nuestra perspectiva.
En Cristo tenemos perdón.
En Cristo tenemos reconciliación.
En Cristo tenemos vida.
Nuestra esperanza finalmente no descansa en lo que nosotros podemos hacer por Dios, sino en lo que Cristo ya hizo por nosotros.
Así que cuando llegues a adorar, no preguntes primero: “¿Qué voy a recibir hoy?”
Pregunta:
“¿Cómo puedo glorificar a Cristo hoy?”
Porque el evangelio no se trata principalmente de lo que Dios puede hacer por mí; se trata de lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo para Su gloria.
Aplicación
Antes del servicio, toma cinco minutos en silencio. En vez de presentar primero tus peticiones, agradece específicamente a Dios por lo que ya hizo por ti en Cristo.
Oración:
Señor Jesús, gracias porque mi salvación no depende de mis méritos, sino de Tu obra. Prepara mi corazón para adorarte. Que no llegue buscando solamente lo que puedo recibir, sino deseando darte la gloria que solamente Tú mereces. En el nombre de Jesús, Amén.

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