Lectura bíblica: Hebreos 2:14–15
Cristo participó de nuestra humanidad para vencer, por medio de su muerte, al que tenía el imperio de la muerte y liberar a quienes vivían esclavizados por su temor.
La encarnación y el sacrificio de Jesús no fueron un accidente. Formaban parte del propósito redentor de Dios. Cristo enfrentó la muerte y obtuvo la victoria que nosotros no podíamos alcanzar por nuestras propias fuerzas.
Esto no significa que nunca sentiremos temor ni que desaparecerán todas nuestras dificultades. Significa que la muerte ya no tiene la última palabra para quienes están en Cristo. Nuestra esperanza descansa en su obra, no en nuestra fortaleza.
Por eso, no tenemos que vivir dominados por el temor. Podemos mantener nuestras convicciones y obedecer a Dios aun cuando otros no nos comprendan. No necesitamos responder con orgullo ni desprecio, sino con la confianza de quienes pertenecen a un Salvador victorioso.
La pregunta no es si alguna vez sentiremos miedo, sino si permitiremos que el miedo dirija nuestras decisiones.
Para reflexionar: ¿Estoy dejando que el temor a la opinión de otros afecte mi obediencia a Cristo?
Oremos: Señor, ayúdame a descansar en tu victoria y a vivir con fidelidad, valentía y amor. Amén.





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