Lectura bíblica: Mateo 5:14–16
Jesús no les dijo a sus discípulos que debían convertirse en luz; les dijo: «Vosotros sois la luz del mundo». Esta identidad trae consigo una responsabilidad: vivir de tal manera que otros puedan ver la obra de Dios en nosotros.
Ser luz no significa solamente hablar de nuestra fe. También significa reflejar el carácter de Cristo en nuestras decisiones, nuestras palabras y la manera en que tratamos a quienes piensan diferente.
Es posible defender nuestras convicciones y, al mismo tiempo, tratar a los demás con humildad y gracia. No necesitamos esconder lo que creemos por temor al rechazo, ni tratar a otros con desprecio para demostrar que estamos convencidos.
Jesús enseñó que nuestras buenas obras deben llevar a las personas a glorificar al Padre. El propósito de nuestro testimonio no es llamar la atención hacia nosotros mismos, sino señalar a Dios.
La luz no existe para llamar la atención sobre sí misma, sino para iluminar a quienes están a su alrededor.
Para reflexionar: ¿Las personas que me rodean pueden ver el carácter de Cristo en la manera en que vivo y trato a los demás?
Oremos: Padre, ayúdame a vivir mi fe con valentía, humildad y amor, para que mis palabras y mis acciones te glorifiquen. Amén.





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