Lectura bíblica:
«Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros». — 2 Timoteo 2:2
Reflexión
Ninguno de nosotros llegó hasta aquí completamente solo. En algún momento de nuestra vida, alguien nos enseñó la Palabra de Dios, oró por nosotros, nos dio ejemplo o caminó a nuestro lado cuando necesitábamos ayuda.
Dios utilizó a otras personas para formar nuestra fe. Quizá fue un pastor, un familiar, un maestro o un hermano de la iglesia. A través de esas relaciones, aprendimos a conocer a Cristo y a caminar con Él.
Pero hay una pregunta que debemos hacernos: ¿Qué estamos haciendo con lo que hemos recibido?
Pablo entendía que la enseñanza del evangelio debía continuar pasando de una persona a otra. Él invirtió en Timoteo, y Timoteo debía invertir en personas fieles que, a su vez, pudieran enseñar a otros.
Esta es la esencia de la multiplicación espiritual. No se trata solamente de crecer en nuestro conocimiento bíblico, sino de ayudar a otras personas a crecer también.
Podemos asistir a la iglesia durante muchos años, escuchar buenos sermones y aprender principios bíblicos importantes. Todo eso es valioso. Sin embargo, parte de nuestra madurez se demuestra cuando comenzamos a compartir con otros lo que Cristo está formando en nosotros.
No necesitamos ser perfectos ni saberlo todo. Necesitamos seguir creciendo en la gracia de Cristo y estar dispuestos a caminar con otros.
La pregunta no es solamente quién me está ayudando a crecer, sino también a quién estoy ayudando yo.
Un discípulo maduro no solamente crece; ayuda a otros a crecer.
Para meditar
- ¿Quién invirtió espiritualmente en mi vida?
- ¿Qué aprendí de esa persona que puedo compartir con alguien más?
- ¿Estoy creciendo solamente para mi propio beneficio o también para bendecir a otros?
Un paso práctico
Escribe el nombre de una persona que haya contribuido a tu crecimiento espiritual. Agradece a Dios por su influencia y piensa en una manera concreta de transmitir a otra persona lo que aprendiste.
Oración
Señor Jesús, gracias por las personas que utilizaste para acercarme a ti y ayudarme a crecer. Perdóname cuando me concentro solamente en mi propio crecimiento y olvido a quienes necesitan acompañamiento. Enséñame a compartir con fidelidad lo que he recibido de tu gracia. Que mi vida no sea el final de una cadena, sino parte de una obra que continúe alcanzando a otros. Amén.
Para recordar
Lo que Cristo está formando en mí también puede bendecir la vida de otros.

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