Lectura bíblica: Romanos 1:16
«Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree».
Reflexión
Vivimos en un mundo lleno de mensajes, opiniones y promesas. Sin embargo, hay un mensaje que permanece por encima de todos los demás: el evangelio de Jesucristo.
Pablo no se avergonzaba del evangelio porque entendía que no estaba anunciando simplemente una religión, una filosofía o una enseñanza humana. Estaba anunciando el poder de Dios para salvar.
El evangelio no promete que nunca tendremos problemas, que nuestra vida será siempre fácil o que no enfrentaremos dificultades. Su propósito es mucho más profundo: reconciliarnos con Dios, perdonar nuestros pecados y darnos una vida nueva por medio de Jesucristo.
Pensemos por un momento en lo que hemos recibido. Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para darnos salvación. No fue algo que pudiéramos comprar, ganar o alcanzar por nuestros propios esfuerzos. Fue un regalo de la gracia de Dios.
Pero hay algo que debemos cuidar: nunca debemos acostumbrarnos tanto a las buenas noticias que dejemos de valorar lo que Cristo hizo por nosotros.
Y si el evangelio tuvo poder para transformar nuestra vida, también puede transformar la vida de otras personas. Por eso no debemos guardarlo solamente para nosotros.
El evangelio no ha perdido su poder. Sigue siendo el poder de Dios para salvar.
Para reflexionar
- ¿Sigo valorando lo que Cristo hizo por mí?
- ¿Estoy confiando en el poder del evangelio o en mis propias habilidades?
- ¿Hay alguien que necesita escuchar estas buenas noticias?
Oración
Señor, gracias por el evangelio de Jesucristo. Gracias porque me has dado algo que no podía conseguir por mis propios medios. Ayúdame a nunca acostumbrarme tanto a tu gracia que deje de valorar lo que hiciste por mí. Renueva mi confianza en el poder de tu Palabra y dame un corazón dispuesto a compartir estas buenas noticias con otros. Amén.





Deja una respuesta